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Conclusiones de la II Conferencia Regional de Latindadd

Fecha: 24 de abril de 2017
Fuente: http://www.latindadd.org/

Conclusiones de la II Conferencia Regional de Latindadd

El desafío de construir una nueva narrativa mientras resistimos

1. La huella progresista en la región

Desde hace un poco más de década y media irrumpieron en el escenario político latinoamericano gobiernos progresistas que revolucionaron el escenario político regional. Esta irrupción política estuvo sustentada fundamentalmente en el fuerte influjo de movimientos sociales con una clara agenda de lucha contra el neoliberalismo y la globalización dominante. La lucha contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y contra los Tratados de Libre Comercio (TLC) fue el eje aglutinador que potenció triunfos electorales de fuerzas políticas de izquierda y progresistas.

La agenda de estos gobiernos progresistas ha estado sustentada en ir desmantelando las políticas neoliberales, recuperar la acción del Estado como eje central de políticas públicas, desarrollo de fuertes políticas de inclusión social, muchas de ellas obviamente de corte asistencialista. Esta agenda ha permitido mejorar sustancialmente indicadores sociales y sacar de la pobreza a millones de personas en Nuestra América. Ese puede ser considerado uno de los grandes logros que se ha alcanzado con los gobiernos progresistas: la década y media de recuperación y reinserción social de millones y millones de latinoamericanos y latinoamericanas.

Paralelamente, en el ámbito político se logró establecer una agenda de integración como región que permitió la construcción de una nueva arquitectura integracionista (Celac, ALBA, Unasur). Esta nueva arquitectura integracionista se sustentó en un discurso mayoritariamente antiimperialista, nacionalista y antioligárquico. Abriendo una nueva etapa de política exterior latinoamericana y caribeña al margen de los intereses estadounidenses.

2. ¿Reforma o Revolución?

Una limitación de esta década y media de progresismo es que no se ha logrado desmontar la estructura económica capitalista, por el contrario, en casi todos los gobiernos progresistas se ha profundizado la lógica económica del capital, aunque con una apuesta por una mayor redistribución de la renta nacional. Ha sido en términos políticos un progresismo limitadamente antisistémico, por lo tanto, la deuda con una matriz productiva alternativa es grande, la deuda por la recuperación de las reservas naturales a nivel nacional también es mayor, la creación de nuevos actores y agentes económicos que no formen parte de las élites del poder sigue estando pendiente.

La relación estados - gobiernos progresistas versus movimientos sociales, no ha estado exenta de diferencias y en muchos casos de contradicciones y conflictos. La cultura histórica de la “cooptación” por parte de la izquierda latinoamericana, estuvo presente en casi todos los gobiernos progresistas, que no han logrado comprender el significado de la “independencia de los movimientos sociales”.

Esta contradicción ha potenciado que el déficit de “construcción de ciudadanía” siga estando presente, aunque hay que destacar los esfuerzos por empoderar a actores sociales, el problema radica, en que ese empoderamiento no se puede ni debe realizar desde el estado/gobierno, sino que debería ser desde la autonomía de los mismos actores sociales. En este aspecto, hemos tenido desde los gobiernos progresistas más reformismo y menos revolución.

3. La contraofensiva neoconservadora

La “primavera progresista” en América Latina no podía existir sin contraataque, por un lado del imperio que nos sigue considerando su “patio trasero”, en alianza con las élites de poder locales que no se han visto económicamente impactadas durante esta etapa progresista y con la irrupción de un nuevo actor político: los medios de comunicación privados y virtuales que han movilizado a sectores medios urbanos, que no recibieron necesariamente los beneficios de esta década progresista y que ven con recelo el empoderamiento de los “sin camisa” que sí estuvieron en la prioridad de la agenda de los gobiernos progresistas.

El golpe de Estado en Honduras, el golpe de Estado institucional en Paraguay, el golpe de Estado institucional en Brasil y el triunfo electoral de la derecha neoconservadora en Argentina, han permitido que la derecha se reacomode, que tome un nuevo aire, en alianza con la derecha dominante de la otra parte de América Latina que se ha mantenido en el poder durante esta década y media.

La derecha latinoamericana que se siente fortalecida con el triunfo de Trump en Estados Unidos, tiene como única agenda atacar conquistas laborales de la clase trabajadora; redefinir la contradicción capital - trabajo a favor del capital; recuperar para manos privadas buena parte de los activos renacionalizados; establecer políticas de austeridad en materia de inversión social y de beneficios económicos para el sector empresarial. En suma, una agenda de reinstalación neoliberal, privatización de la política, y negocios privados desde el ámbito de lo público.

4. Un continente en pugna

Ni la izquierda o el progresismo latinoamericano está derrotado, ni la derecha se erige como victoriosa. Estamos en una etapa de combate frontal entre “barbarie o revolución”. Efectivamente, hay retrocesos coyunturales para las fuerzas progresistas y de izquierda, pero también hay resistencia y triunfos significativos. Uno de ellos, la firma de los acuerdos de paz entre las fuerzas insurgentes de las FARC y el gobierno colombiano. Ésta es una victoria para el conjunto del pueblo colombiano, pero principalmente para todo el diverso movimiento social por la paz de ese hermano país.

La confrontación está posicionada en diferentes escenarios, tanto en las dinámicas internas de los países con gobiernos progresistas; como en los espacios de la institucionalidad de la integración regional, que la derecha parece ponerlos al servicio de sus intereses, bloqueando, por un lado, la incipiente nueva arquitectura de integración regional y, potenciando los espacios tradicionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) dominada por la derecha continental. Pero principalmente la confrontación está dándose en los medios de comunicación que abiertamente actúan como operadores políticos de la derecha.

5. El ámbito económico como eje de la confrontación

El ámbito principal en que está dada la confrontación es el económico. La crisis general del capitalismo, y principalmente la crisis de los commodities para América Latina, ha provocado que los gobiernos progresistas apuesten por políticas económicas ya no de redistribución, sino de concentración, y en eso se encuentran en alguna medida en acuerdo con sectores de esa derecha que ataca en el ámbito político, pero se asocia con el Estado en el ámbito de los negocios.

Las políticas económicas de la derecha tradicional, de la derecha neoconservadora y de buena parte del progresismo, han tenido algo en común en América Latina: no han resuelto el problema de la desigualdad social en nuestro continente, por el contrario, lo han acentuado.

Ello es resultado principalmente de que la mejor herramienta para revertir la desigualdad es por medio de políticas tributarias y fiscales progresivas, que graven las grandes riquezas, los grandes capitales nacionales y eliminen la evasión y elusión del capital transnacional. Ello implica además poner en el centro del debate la lucha contra las guaridas fiscales, el mecanismo para que los sectores multimillonarios latinoamericanos aumenten sus riquezas, para que las empresas transnacionales multipliquen artificialmente sus ganancias y nuestros Estados nacionales se empobrezcan cada vez más.

Son estos temas económicos donde no han entrado en serio desde los gobiernos progresistas, con las honrosas excepciones en su momento delos gobiernos de Cristina de Kirchner en la Argentina y Rafael Correa en Ecuador. Este último ha puesto en el centro de su agenda de gobierno la lucha frontal contra las guaridas fiscales. Por el contrario, la derecha neoconservadora que ha asumido nuevos gobiernos, no quiere siquiera escuchar hablar de Justicia Fiscal.

El ámbito económico es la confrontación no sólo regional, sino de carácter global, y particularmente hoy el debate fiscal es una confrontación global, entre el poder corporativo global con sus gobiernos de un lado, y la ciudadanía y sus organizaciones del otro. Hoy, dicha confrontación es asumida por las organizaciones sociales en los ámbitos de la gobernanza global de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el Grupo de los 20 (G-20), pero también en cada uno de nuestros países, teniendo a las empresas transnacionales como el principal operador de la opacidad y la regresividad tributaria y financiera.

6. Los desafíos del momento

a. Recuperar las agendas y demandas de actores fundamentales como jóvenes, pueblos indígenas, ecologistas, movimientos de mujeres, trabajadores informales. Se hace necesario entender sus identidades y su cultura política a fin de que sean realmente sujetos de transformaciones estructurales antisistémicas.
b. Recuperar la construcción de alternativas “desde abajo” a fin de volver a crear agendas de transformación de contenido popular que nos permitan transformar la matriz productiva y abandonar el extractivismo como motor de nuestras economías.
c. El progresismo y la izquierda deben recuperar el concepto de democracia participativa, de radicalidad absoluta frente al discurso liberal/conservador de democracia representativa. Debemos volver a hablar de una democracia definida con base en la participación, la radicalidad, la justicia social y la justicia ambiental.
d. Recuperar también el concepto de ciudadanía, desde la participación y no desde el consumo, desde la acción y no desde la contemplación, desde el empoderamiento a fin de crear una nueva hegemonía popular.
e. Fortalecer la unidad con el movimiento sindical del continente a fin de defender derechos, resistir el embate del capital y promover una nueva lógica laboral.
f. Redinamizar la arquitectura de la integración regional creada por la corriente progresista (Celac, Unasur, ALBA, Banco del Sur, etc.) como herramientas para repotenciar una propuesta latinoamericana integracionista.
g. Poner en la agenda del debate regional la dimensión económica, priorizando en política fiscal para acabar con el fraude de las grandes riquezas nacionales y de los grupos económicos multinacionales. Comprender que la lucha por la justicia fiscal no es sólo de una dimensión regional, sino principalmente de carácter global.
h. La agenda contra los tratados de libre comercio, contra los tratados de protección de inversiones, por el derecho al agua, por el derecho a la protección social, por el derecho a la diversidad sexual, por el derecho a servicios públicos como derecho humano; son temáticas que nos pueden permitir volver a construir tejido social de resistencia y de alternativas que convoque a diversos movimientos como estudiantes, mujeres, sindicatos, ecologistas, etc.

Desde la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd) asumimos el compromiso de trabajar en las diferentes líneas establecidas en el presente documento a fin de poder contribuir a llevar a la práctica las propuestas planteadas.

Desde Porto Alegre en el Brasil en donde hemos encontrado un pueblo en lucha y resistencia contra un gobierno ilegítimo como el de Temer, ratificamos nuestro compromiso en realizar todos los esfuerzos a fin de potenciar la unidad del movimiento social continental, que nos permita acentuar, fortalecer y recuperar la hegemonía de lo popular en nuestro continente.

Porto Alegre, noviembre del 2016

 

Declaración Política de Latindadd

América Latina Primero

Es evidente que la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos tiene implicaciones directas sobre América Latina, no sólo en materia migratoria como ya lo estamos viendo, sino también en aspectos como el económico.

La lógica neoliberal que se ha implementado en buena parte de la región ha provocado que nuestras relaciones económicas estén ligadas en gran medida a la economía estadounidense. Por ejemplo, el grueso de las exportaciones latinoamericanas va a dicho mercado. No por casualidad, sino porque tenemos un sector exportador vinculado a empresas transnacionales de ese país.

Una potencial salida de las transnacionales estadounidenses o reducción de la expansión de las mismas en nuestra región puede ser realidad en el corto plazo si se aplican los incentivos de parte del gobierno de Donald Trump. Desde la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd), vemos esto como una oportunidad para fortalecer la integración y la cooperación económica en la región.

América Latina tiene la obligación de acentuar su mirada hacia sí misma, y eso debe ser entendido por las élites del poder económico en la región. Es la hora de fortalecer el mercado interno regional, de apostar por ampliar el mercado latinoamericano, fortaleciendo espacios como el Mercosur y Celac, que deben jugar un rol fundamental en este proceso.

Para ello es indispensable abandonar la lógica del libre comercio que privilegia la competitividad, y reemplazarla por la lógica de complementariedad económica. Un neo cepalismo, con todas las lecciones aprendidas que nos han dejado años de lucha fratricida por la inversión extranjera directa.

Es también la hora de fortalecer los espacios de integración regional que hemos ido construyendo como vehículos que permitan potenciar la acción conjunta frente a la arremetida racista, xenófoba y discriminatoria de Trump. Unasur y Celac tienen una principal importancia en tal sentido. De igual modo, la Presidencia Pro Témpore del Ecuador del G-77 es una gran oportunidad que no podemos desaprovechar.

Es la hora de fortalecer la cooperación tributaria y fiscal, eliminando esa “carrera a la baja” que el neoliberalismo ha estimulado por medio de los privilegios fiscales a la inversión extranjera. Hay que enfrentar conjuntamente las guaridas fiscales que facilitan la evasión y la elusión tributaria que tanto saquean a nuestros países.

Es la hora de una nueva arquitectura financiera regional, que nos posibilite aprovechar nuestras reservas monetarias internacionales en función del desarrollo de nuestros pueblos y no de la especulación del capital transnacional. Fortalecer la acción del Banco del Sur es fundamental en este momento.
Es la hora del combate frontal contra la corrupción estimulada por las élites económicas nacionales y el capital transnacional, que corrompen estructuras políticas con el fin de poner a su servicio a nuestros Estados nacionales. Se debe ir hasta las últimas consecuencias a fin de desentrañar el entramado de corrupción creado por Odebrecht en toda América Latina, así como acabar con la captura de los Estados, las puertas giratorias y los lobbys empresariales.

Es la hora de forjar una amplia alianza del movimiento social latinoamericano y de las fuerzas políticas progresistas y de izquierda en América Latina, para repotenciar una propuesta económica, financiera, social, cultural y ambiental que privilegie a las grandes mayorías excluidas en nuestro continente, frente a la contraofensiva racista, xenófoba, homofóbica y excluyente que crece no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa.

Nuestra América, marzo de 2017

 
 

 
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