El biodiesel y el diesel oil se combinan para generar energía a cualquier maquinaria. El investigador y agrónomo David Cruz advierte que si esa mezcla tuviera tan sólo un cinco por ciento de biodiesel, se necesitaría en un año 99 mil hectáreas de nuevas tierras para producir soya y más de 58 mil hectáreas para producir girasol. Así que el balance es negativo, en desmedro de la producción del biodiesel.
David Cruz es director de la carrera de Agronomía de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y realizó esos cálculos en el marco de una investigación para el Programa Nacional de Cambios Climáticos. Cruz socializó los resultados de sus estudios el martes en el Seminario Taller Agro-biocombustibles, organizado por el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) y la Fundación Solón, en la ciudad de La Paz.
“En Bolivia aun no hay una política de desarrollo de los agrocombustibles. La posición del gobierno boliviano es que se aplique una moratoria a esa producción porque compite con la producción de alimentos y crea inseguridad alimentaria… En este momento sería bueno que se hagan investigaciones sobre los impactos medioambientales potenciales que podría traer el uso de agrocombustibles porque, por otro lado, es una opción a nivel internacional que podría generar desarrollo”, explicó.
Uno de los aspectos negativos de la producción de los agrocombustibles es la deforestación. Con base en datos oficiales, Cruz recordó que el territorio boliviano está sobrepasando actualmente las 300 mil hectáreas por año y se sabe que el 75 por ciento de esa producción está destinada al cultivo de la soya.
Por eso es que se estima que para producir combustible con un cinco por ciento de componente de origen agrícola, es necesario deforestar en un año más de 99 mil hectáreas de soya o más de 58 mil hectáreas de girasol.
Cruz aclara que los escasos estudios sobre la capacidad de uso de tierras muestran que Bolivia no tiene grandes áreas de vocación agrícola, por eso se deforestan los bosques para habilitarlos para cultivos con consecuencias que implican inundaciones y grandes pérdidas de flora y fauna, en síntesis grandes desequilibrios ecológicos.
El balance sobre el gasto de energía en los cultivos destinados a la producción de agrocombustibles es también negativo puesto que “se gasta más energía fósil para producir el equivalente energético en biocombustible”. Por ejemplo se calcula que para producir metanol a partir de maíz, se produce 0,778 unidades de energía por cada unidad de energía convencional empleada.
Un aspecto que se debe investigar tiene que ver con los distintos cultivos aptos para producir aceite vegetal, componente principal del agrocombustible. “Los litros de aceite que se obtienen por hectárea y por año, dependen del cultivo, del lugar y de los tratamientos industriales”, recordó Cruz.
El docente universitario e investigador comentó que a nivel internacional se está utilizando la palma africana para producir biodiesel, lo que ha generado impactos negativos en países asiáticos. “En Malasia por ejemplo –dijo-- han deforestado casi la totalidad de sus bosques para palma africana, fíjese el desequilibrio ecológico que está produciendo a nivel mundial. La jatropha es otra planta que tendría que ser investigada porque su contenido de aceite es bastante, otro es el macororó que ya se usa en Santa Cruz”
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