Un 11 de septiembre de 1993 se produjo en Chile el derrocamiento del Presidente Salvador Allende, quién propugnaba un cambio socialista por medio de una vía pacífica con los instrumentos de la democracia burguesa. La historia se encargó de demostrar que esto no era posible porque las contradicciones existentes entre la burguesía y el proletariado, son antagónicas, es una lucha a muerte, la queramos o no. La historia nos ha demostrado que aún las revoluciones burguesas, entre ellas la Americana, la Inglesa y la Francesa nacieron utilizando la violencia revolucionaria contra la violencia colonial o feudal.
La revolución democrática y cultural que propugna el actual gobierno del MAS, a pesar de sus buenas intenciones de llevarla a cabo pacíficamente, no se la podrá realizar, cuando se tiene que afectar los grandes intereses de los terratenientes agroindustriales del oriente, de la transnacionales, cuyo objeto y medio de producción fundamental es la posesión de enormes extensiones de tierra, el saqueo de nuestros recursos naturales. Y los estamos viendo en toda la violencia desatada por medio de sus grupos de choque, su financiamiento y el apoyo del imperio.
Entre los que pelean hemos visto rostros mestizos e indígenas, en uno y otro bando, así una originaria, mujer de pollera, llamada Sabina, una especie de nueva Malinche, es la portavoz de la burguesía regional, con lo que se pone de manifiesto que la lucha social, no es solo un problema de raza, es ante todo un problema de clase. El cacique Mateo Pumacahua, aliado de los colonialistas españoles fue uno de los enemigos más encarnizados de Tupak Catari.
A eso hay que unir, la conspiración extranjera del imperio, que se ha empeñado en derrocar al actual gobierno de Bolivia, el eslabón más débil de los países latinoamericanos que han emprendido un proceso de cambio social, que aún no se puede calificar de socialista, pero peligroso para el imperio y sus aliados por sus connotaciones indigenistas.
La estrategia golpista, se ha desarrollado como un ensayo preliminar para probar la capacidad de reacción del gobierno y ha consistido en controlar las vías de acceso como los aeropuertos, puestos fronterizos, tan vitales en un país mediterráneo como el nuestro. Acallar los medios de comunicación del Estado y las organizaciones sociales para impedir la información oficial, lo que tiene un claro objetivo ideológico y político. El control económico y legal con el asalto y destrucción de las dependencias de Estado Nacional como el INRA, Impuestos internos, la Aduana. Se trata de un ensayo general, para medir fuerzas y reacciones, el golpe final vendrá después y será decisivo. Si no se cumple el objetivo de derrocar al Presidente Evo Morales, que cuenta con un amplio apoyo popular no sólo en el Occidente, también nacional, así lo demuestra el 67% obtenido en el Referéndum Revocatorio, la otra alternativa inmediata será la secesión del país para crear otro Estado aparte de Bolivia.
Pero la coyuntura internacional de América Latina, no es muy favorable para los golpistas, porque la mayoría de los países vecinos son gobiernos progresistas y apoyan la democracia boliviana.
Al gobierno del MAS no le queda que otro camino que fortalecer la alianza con todas las fuerzas populares y progresistas y tomar la iniciativa, aplicando los mecanismos de las mismas leyes burguesas a los asaltantes, terroristas, y derrotar al movimiento contrarrevolucionario.
Para ello el MAS debe fortalecerse orgánicamente, aparte de ser una organización de masas, el instrumento político debe construir un partido, una vanguardia organizada, coherente, disciplinada, con una clara ideología revolucionaria que sea la fuerza motriz que dirija al pueblo en su lucha revolucionaria. Hay que aprender las lecciones que la historia así nos enseña, Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano para luchar por la Independencia de Cuba, Lenin el Partido Bolchevique, al igual que Mao, Ho Chi Minh y Fidel, hasta Víctor Paz fundó el MNR.
La derrota del movimiento popular traerá graves consecuencias al movimiento popular boliviano y latinoamericano en general, tendrá lugar la más cruenta represión con miles de muertos y desaparecidos y el exilio de miles de nuestros compatriotas, hasta la limpieza étnica de la "raza maldita" podría tener lugar, acaso no estamos viendo los avances de lo que podría pasar. El pueblo boliviano no puede vivir de ilusiones sino el despertar será de pesadilla y el actual gobierno, debe sumir su responsabilidad histórica de conducir y lograr el triunfo de la Revolución Democrático y Cultural.
Un docente de la UMSA.
LP 14 de septiembre de 2008
contreras rene <contreras_rene2@yahoo.com>
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