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La recesión que se viene y sus consecuencias

06 de octubre de 2008
Escrito por: Alberto Bonadona Cossío

La recesión que se viene y sus consecuencias
Alberto Bonadona Cossío*

El capitalismo no caerá todavía. Tal vez puede cambiar de país hegemónico por los desmanes en los que Estados Unidos ha incurrido. Desmanes que se reflejan en sus gigantescos déficit en sus finanzas fiscales, en su cuenta comercial y en su endeudamiento externo. Si se compara el manejo de la economía estadounidense con cualquier economía latinoamericana, estas son un ejemplo de responsabilidad frente al gigante del Norte. Ahora está empezando a enfrentar las consecuencias.

La crisis financiera de Estados Unidos tiene su contraparte en la crisis del sector inmobiliario. En ese sector se produjeron casas y propiedades horizontales al por mayor y se otorgaron créditos a mansalva con el propósito de crearles la demanda necesaria. Las empresas calificadoras de riesgo, que también operan en Bolivia, calificaron emisiones de títulos valores representativos de deuda, sin los respaldos necesarios y de dudosa solvencia. Los bancos de inversión y los comerciales otorgaron créditos de largo plazo con captaciones de corto plazo. La regulación bancaria se dejó en manos de las propias entidades financieras a nombre de auto regulación. El resultado fue un verdadero carnaval de ganancias para los entes financieros en un entorno en el que la burbuja especuladora envolvió todo y la esfera real de la economía marcho a ese compás.

Ahora es el apocalíptico crujir de dientes. Situaciones equivalentes las han vivido los países latinoamericanos repetidas veces y, antes de que se lleguen a extremos como los que vive ahora Estados Unidos, el FMI obligó a tomar medidas heroicas que afectaron a millones de ciudadanos. En EE.UU. el FMI no toca pito. No obstante, las consecuencias de las medidas que EE.UU. tiene que tomar hoy se sentirán en el mundo entero. Una economía que produce cuarta parte de la producción de todo el planeta ahora se desploma y no puede dejar de impactar en todas las economías.

El denominado plan de rescate se financiará con 700.000.000.000 de dólares (setecientos mil millones). Un monto que no alcanzará para pagar todos los platos rotos. Por lo tanto, en un breve plazo, un nuevo plan deberá estructurarse. Nótese que en el trágico lunes 29 de esta semana nada menos que 1.200.000.000.000 (un billón doscientos mil millones) dólares se perdieron en la Bolsa de Nueva York. Además que lo peor está por venir. La solvencia de cientos de bancos en los Estados Unidos ya no existe. Muchos bancos de papel ha pervivido como zombis y otros están listos para seguir este camino, particularmente después del rescate que les otorgará vida artificial. En América Latina, el FMI exigiría la eutanasia para bancos en similares situaciones. En los Estados Unidos se les perdonará la vida y se les hará una transfusión de dinero nuevo. A pesar de ello, muchas entidades financieras quebrarán en el inmediato futuro.

El siguiente episodio estará caracterizado por la generalizada caída de la producción y por el consiguiente aumento del desempleo. El capitalismo debe reestructurarse para sobrevivir y para ello cualquier medio es válido. Si la década de los 30 concluyó en la Segunda Guerra Mundial, a nadie debe sorprender una nueva salida por la vía del desastre.

*Economista
a.bonadona@yahoo.es

 

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