
El reptil Peta de Monte. (Foto: El Diario)
El reptil Peta de Monte que habita en los departamentos del Beni, Santa Cruz, La Paz y Pando, está dentro la categoría Casi Amenazada, debido a la destrucción de su hábitat.
El reptil con un tamaño aproximado de 30 centímetros y un peso de hasta 8 kilogramos, habita en las ecoregiones del sudeste de la Amazonia, las sabanas inhundadas, el bosque seco chiquitano y la zona del Gran Chaco.
Por su naturaleza de animal solitario y actividad diurna, está expuesta a las actividades depredadoras de los hombres, por lo que el Libro Rojo de la Fauna Silvestre la incluye en la categoría de especie Casi Amenazada.
El Chelonoidis carbonaria (Testudines – Testudinidae), nombre científico del animal, es considerada herbívora, frugívora e insectívora.
El reptil conocido también como Peta de Monte y Red-footed Tortoise” (nombre global), tiene el caparazón negro, con el centro de los escudos marrón claro o amarillo.
Su cabeza y patas están matizadas con manchas amarillas o rojas. El plastrón lo tiene amarillento con manchas negruzcas en la región abdominal. Los machos poseen el plastrón cóncavo, cola alargada y escudos anales engrosados, y son ligeramente más grandes que las hembras.
Pese a la evidente destrucción del hábitat a través de la ganadería, colonización y deforestación, esta especie no cuenta con medidas de conservación.
Las poblaciones de la Petas de Monte, en la actualidad son consideradas vulnerables, debido a la fuerte presión comercial que se ejercía sobre ellas y a la poca protección de la vida silvestre.
Sin embargo, ha existido un proceso de cambio que ayuda a mejorar la situación de muchas especies, como el incremento en información sobre la especie, creación de áreas protegidas y trabajos sobre educación ambiental.
DESCRIPCIÓN
Pueden existir múltiples nidadas por cada hembra con intervalos de 30-40 días durante los meses de agosto a enero, con una puesta de huevos promedio de 6 por nidada, que puede variar de 1 a 15.
En la actualidad se encuentra distribuida en varias áreas protegidas pero no cuenta con planes de manejo y tampoco es garantía de su protección, dado que en muchas ocasiones los comunarios entran a cazar dentro de las áreas protegidas.
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