La región del Suroeste de Potosí, donde está ubicado el manantial del Silala, está poblada de fuentes hídricas de agua dulce. Una investigación realizada por el ingeniero Jorge Molina Carpio plantea que esas reservas hídricas podrían ser renovables, aunque se necesita investigar más para conocer sus dimensiones, la calidad del agua, sus orígenes y otros aspectos.
El ingeniero Molina desarrolló la investigación en la gestión 2006, con base en datos de la Dirección General del Agua en Chile, investigaciones de la cooperación francesa y datos del Servicio Nacional de Geología y Técnico de Minas (SERGEOTECMIN) de Bolivia. El estudio fue impulsado por la Comisión para la Gestión Integral del Agua en Bolivia (CGIAB), y ejecutado por el Instituto de Hidrología e Hidráulica y el Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (FOBOMADE).
El suroeste de Potosí (manantial Silala, Laguna Colorada, Reserva Avaroa, etcétera) es una región sujeta a muchas presiones sobre sus recursos hídricos, tanto para exportarlos hacia el norte de Chile como para destinarlos a actividades mineras. Se trata de un área seca, con un escaso nivel de precipitaciones pluviales y, paradójicamente, con un gran número de manantiales de agua no salada.
Molina recordó que hace algunos años, una empresa privada ofreció hacerse cargo de la exportación de las aguas del sudoeste de Potosí para cubrir la demanda, sobre todo minera, del norte de Chile. En esa oportunidad se hicieron gestiones legislativas para intentar normar la exportación de recursos hídricos, pero nada de eso prosperó.
Ese fue uno de los motivos que impulsaron a desarrollar el estudio, que pretende “aportar a la discusión y toma de decisiones en el tema de aguas internacionales desde una perspectiva técnica y con la mejor información disponible, mediante el análisis de un estudio de caso”, este último centrado en el proyecto minero San Cristóbal.
El trabajo consistió en recuperar toda la información de climática, hidrológica, de calidad de aguas, etcétera, y luego realizar un análisis de esos datos. “Tuvimos la ventaja relativa de juntar la información boliviana con la información chilena. La información chilena era sobre todo de dos fuentes, la Dirección General de Aguas de Chile y estudios de la cooperación francesa con universidades chilenas”.
Molina destaca como uno de sus hallazgos el hecho de que la zona estudiada no es tan seca como se pensaba, sino que recibe una importante dotación de agua proveniente de la lluvia. “Se ha manejado mucho –dijo–, en el caso Silala y en otros proyectos, el hecho de que esos manantiales provenían de acuíferos no renovables... Eso es bastante grave porque significa que el recurso se puede acabar como sucede con el mineral. Nosotros hemos visto que en la mayor parte del Suroeste de Potosí, los depósitos (de agua) reciben recarga, aunque a ritmo lento”.
Sin embargo, también se comprobó que existe un sector específico (cerca de Laguna Colorada) donde llueve tan poco que probablemente no exista esa recarga. Los valores más bajos hallados son de 50 a 75 milímetros por año, pero a partir de ahí aumenta este valor en las zonas aledañas hasta llegar al orden de 400 milímetros en San Pablo de Lípez. Para hacer una comparación, en La Paz este índice es de 580 milímetros.
El investigador plantea que esto tiene importancia debido a que Chile explota hace años aguas subterráneas en su territorio, en lugares completamente desérticos y secos. Entonces la hipótesis de los investigadores chilenos es que sus reservas no se secan porque reciben la recarga del territorio ubicado en el lado boliviano. Según Molina, este dato podría ser importante para cualquier negociación.
Molina Carpio aclara que para tomar decisiones operativas sobre el uso del recurso es necesario saber cuánta agua subterránea existe en la zona. Actualmente ese recurso es utilizado por pobladores que mantienen bofedales naturales y/o artificiales, mientras que la actividad minera se lleva también un importante porcentaje de metros cúbicos.
Sin embargo los costos para estudiar las aguas subterráneas son altísimos. Molina dice que en una estimación hecha por investigadores franceses se establecen 15 mil a 20 mil litros de agua por segundo, de fuentes subterráneas como de exteriores (ríos); mientras que el SERGEOTECMIN ha calculado 6 mil. Ahora parte de esa cantidad es destinada a consumo (de poblaciones y empresas) y si se pensara en exportar debería ser sólo de los excedentes.
¿Qué se puede hacer desde el Estado para tomar decisiones sobre políticas públicas respecto de estos recursos? Para Molina, el punto es que si la exportación de aguas a Chile vuelve a la mesa de debate, ésta debe ser presidida por el Estado boliviano en una negociación en la que se alimente de información confiable acerca de la cantidad de agua disponible, la proyección de su agotamiento, su calidad, su origen, etcétera.
Hasta ahora, según el investigador, los datos muestran que el agua del Silala es de excelente calidad y que probablemente sea un recurso no renovable, pues los estudios con el método de datación isotópica para aguas antiguas muestran que tiene una antigüedad de 2000 años.
El docente e investigador Molina dice que a corto plazo se debe evaluar los recursos hídricos en la región (cantidad, calidad, etcétera), además de disponer de la información generada por la empresa San Cristóbal que realiza mediciones y monitoreos sobre esos recursos, aunque ninguna norma le obliga a entregar esa información al Estado.
Además se plantea la necesidad de revisar la legislación, Código de Minería y Ley de Medio Ambiente, para poner algún tipo de control al uso que hacen las grandes empresas mineras de estos recursos hídricos sin reponer, de cualquier forma, esa utilización.
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