Los tratados de libre comercio e integración – fundamentados en la lógica neoliberal de mercado, de consumo y de reducción del papel del Estado – tienen efectos negativos en la vida de todas las personas: la reducción de empleos, el aumento de la explotación de los trabajadores en el campo y en la ciudad, la amenaza a los derechos humanos, la reducción de la capacidad de los gobiernos de garantizar el acceso a la salud, seguridad y soberanía alimentaria, y para la protección del medio ambiente y de la diversidad biológica. En ese escenario, las mujeres son las principales victimas. Hay una combinación perversa entre mercado y patriarcado en la estructuración del modelo neoliberal.
Los análisis sobre los impactos de las políticas de ajuste y de apertura comercial evidencian la incorporación de las mujeres de forma masiva en empleos precarios y flexibles, sin ninguna protección legal, sin derecho a organización como trabajadoras, ejecutando las mismas tareas hechas por hombres con una remuneración un 30% inferior en promedio. De igual forma, muestran la utilización de las mujeres como forma de complementar y reemplazar al Estado con la intensificación del trabajo doméstico y de los cuidados. Este trabajo, naturalizado como siendo “femenino”, amplía las desigualdades y marca también el tipo de empleo realizado por las mujeres que migran del Sur hacia el Norte. El modelo neoliberal genera más desigualdad: entre mujeres y hombres, entre países del Sur y del Norte y entre las mujeres. Si por un lado hay mujeres que ocupan puestos cada vez más calificados, por otro, crece al mismo ritmo el número de mujeres en condiciones de trabajo cada vez peores. El resultado es la mayor diversidad e intereses entre las mujeres y la debilitación de las relaciones de clase, género, raza, generacional, etc.
La Marcha Mundial de las Mujeres trabaja desde su creación en la crítica al modelo económico que genera y refuerza desigualdades. A lo largo de los años 2000, ha estado participando de procesos colectivos de lucha contra el libre comercio y más específicamente en el Foro Social Mundial con otros movimientos sociales en la construcción de un proyecto alternativo de sociedad. El debate sobre integración regional, central hoy en América Latina, ha sido fundamental para avanzar en esa construcción. Para nosotras, no es posible reformar los tratados y acuerdos propuestos hoy por gobiernos y organismos multilaterales con cláusulas de género y sociales que minimicen el impacto del libre comercio en la vida de las personas. Es preciso, desde los movimientos, construir una propuesta alternativa.
Elementos para una integración generadora de igualdad
La visión de integración que queremos construir está basada en la ética y en valores de humanidad, no apenas en el mercado. De esa forma, nociones como crecimiento, mercado, modernización y desarrollo son cuestionadas si se oponen a principios clave para la economía feminista: solidaridad, cooperación, reciprocidad y justicia. El desafío es pasar de un discurso teórico a prácticas y políticas concretas.
Un primer elemento en la construcción de otro modelo de integración y de desarrollo es cuestionar la desigualdad, la relación desigual y jerárquica entre hombres y mujeres, que se desprenden de distintas prácticas sociales. Es necesario visibilizar el papel de actoras económicas desempeñado por las mujeres para hacer foco en el gran volumen de trabajo doméstico y de cuidados, realizado por las mujeres, no reconocido como trabajo, pero que es parte de la reproducción de la vida.
Otra integración se basa en imperativos como la reapropiación colectiva de nuestros recursos, la adopción de formas variadas de organizar la producción, la prioridad para el cuidado y bienestar humanos, el fortalecimiento de las diversidades y autonomía plena de las mujeres.
Una integración generadora de igualdad presupone el desmantelamiento de los mecanismos de opresión, que conjugan clase, genero, raza y etnia. Para eso, se deben deconstruir las diversas formas de discriminación hacia las mujeres, negros, indígenas, homosexuales y todos los sectores oprimidos. Eso solo puede ocurrir si las reivindicaciones de tales sectores son asumidas efectivamente por el conjunto de los movimientos en el proceso de discusión de un proyecto de integración.
Conquistar la igualdad en los movimientos y la incorporación en ese debate de las cuestiones aportadas por la agenda feminista y de lo que significa que todos y todas asuman esa lucha, tanto en las prácticas como en los valores y propuestas, es un desafío permanente. Esto implica la participación en los espacios con una agenda de reivindicaciones específicas de las mujeres, construyendo y siendo parte de la construcción general. Como organizarse y movilizarse, cómo trabajar esos temas y tomar decisiones colectivas son los desafíos que este proceso trae para nosotras, mujeres.
(1) Texto elaborado en base al panfleto “Mujeres construyendo alternativas para otra integración” (en portugués: http://www.sof.org.br/marcha/arquivos/pdf/cochabamba_folder.pdf) elaborado para la Cumbre Social por la Integración de los Pueblos (diciembre de 2006) y de la publicación Feminismo e Integración de América Latina y del Caribe, de Nalu Faria y Renata Moreno. Publicación disponible solamente en portugués en http://www.sof.org.br/arquivos/pdf/caderno_10.11.07.pdf/.
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