Unos de los logros más importantes en la constitución de la actual Asamblea Legislativa es el curul ocupado por un afroboliviano llamado Jorge Medina. Es un logro personificado en un diputado, pero que es un logro de y para todos los afros porque muchos de ellos protagonizaron una larga lucha que ha durado algo más de dos décadas.
Una lucha de 20 años con sus diferentes fases, cada una con su paradigma; los más importantes han sido y siguen siendo: identidad, visibilidad, reconocimiento y empoderamiento. Identidad, porque cuando un grupo de jóvenes mujeres afros, encabezadas por Julia Pinedo, yungueñas inmigrantes en La Paz, comenzaron la organización del Movimiento Cultural Saya Afroboliviano, muchos negros no tenían autoestima de su cultura, muchos tambores estaban envejeciendo en los gallineros, esperando que algún viejo los reviva.
Diversas circunstancias permitieron que fueran esas jóvenes las que revivieran los tambores y los cantos en la fiesta de Coroico y, luego, aliadas a la poderosa comunidad de Tocaña, esos tambores penetraron en escenarios de La Paz, Sucre, Potosí, Cochabamba; los inmigrantes en Santa Cruz hicieron lo propio en esa ciudad y luego fueron las entradas folklóricas, los boliches, las fiestas patronales, matrimonios en los pueblos y barrios residenciales de La Paz, luego Venezuela, Argentina.
En fin, el desafío de la identidad fue plenamente cumplido, ya no hay negro que no esté orgulloso de su saya y que no haya adoptado su compromiso con la cultura afroboliviana, nombre que refleja sus dos más importantes pertenencias: África en su origen, Bolivia en su historia y su vida actual.
Visibilidad, porque como afirmaba irónicamente una de sus dirigentes: “A pesar de ser negros somos invisibles”. Invisibles en los textos escolares, en las recopilaciones de música boliviana, en el censo, en los derechos culturales. Décadas de lucha pacífica los hicieron visibles, aunque todavía hay mucho que hacer. La saya está posicionada, aunque todavía existen despistados que la confunden con caporal.
Reconocimiento, porque luego de una década de lucha por la visibilidad aún no existían indicadores reales de reconocimiento estatal, peor cuando el censo de 2001 no los tomó en cuenta. La lucha se enriqueció, no querían quedar solo como simpáticos negritos bailadores de saya, era necesario el reconocimiento de sus derechos. Así, manteniendo su autonomía y sus métodos de lucha, unieron voces a quienes luchaban por los derechos de indígenas y de otros grupos marginados.
Empoderamiento, porque no basta reclamar a los que tienen el poder; para cambiar es necesario tener espacios de poder. Tan importante como fortalecer la identidad afroboliviana es luchar por mejorar los niveles de vida de los afrobolivianos. Lograr para todos ishi vizuri (vivir bien).
Con mucha dificultad, pero con convicción en lo justo de su lucha, con sus propios medios y una adecuada política de alianzas, lograron estar plenamente reconocidos en la Constitución Política del Estado. Los objetivos se han enriquecido, pero siempre han sido fieles a la saya como el medio de alegrarse, pero también de expresar todos sus anhelos. Así, cantando en Sucre y con firmes discursos, lograron su propósito. Probablemente en esos agitados días fue la única organización declarada en Sucre como “huéspedes gratos”.
Empezaron el empoderamiento, lograron la diputación que abre un camino de mucha esperanza, así como de enorme responsabilidad. Felicidades a Jorge, Marfa Julia y a todos los que tuvieron que ver con este triunfo y que sigan siendo ejemplo de ser un pueblo de paz , optimismo y alegría de vivir.
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