Por Arias Sandra - Los Tiempos - 4/02/2010
Pobladores de Puerto Villarroel preparan defensivos para protegerse de la crecida del río Ichilo, ayer. Sin importar si son mujeres, niños o ancianos, los vecinos del lugar trabajan por turnos para protegerse de la crecida del Ichilo. - López Gamboa Carlos Los Tiempos
Calles convertidas en ríos, animales arrastrados por las aguas, cientos de hectáreas de cultivos anegadas, falta de alimento y medicamentos, brote de enfermedades y temor ante el peligro de nuevas inundaciones causadas por la crecida de los ríos, mantienen en zozobra a unas 1.200 familias de más de 15 comunidades de Puerto Villarroel y Chimoré, afectadas por las intensas lluvias caídas recientemente. La situación es similar para ocho comunidades que habitan al otro lado del río Ichilo, en Santa Cruz. En total son 23 las comunidades afectadas
Hasta ayer, más de 600 de las 1.100 hectáreas de cultivos de la zona bananera de Chimoré, estaban afectadas y se calcula una pérdida mensual de 70 mil dólares por cada uno de los cuatro meses de mayor producción, entre enero y abril.
Los dirigentes se quejan porque. a pesar de haber enviado los informes de daños, la ayuda comprometida por la Prefectura de Cochabamba aún no llega.
Varios pobladores coinciden en que los alcaldes no actúan por su transitoriedad hasta las elecciones municipales y departamentales de abril próximo.
El responsable de Gestión de Riesgo de la Prefectura, Fernando Fernández, dijo que esa unidad y Defensa Civil, ingresarían a las comunidades del trópico hoy jueves, llevando alimentos y medicinas; pero sólo hasta ciertos centros poblados, ya que el caudal de las aguas hace peligrosa la incursión monte adentro.
En Puerto Villarroel y junto a una treintena de adultos, dos niños entre los siete y los 12 años trabajan con la seriedad de sus mayores, llenando sacos de yute con tierra para construir un defensivo y evitar que el río Ichilo continúe inundando el poblado.
Las clases en los dos colegios de la zona, Litoral y Eduardo Abaroa, son irregulares y sólo acuden los que viven cerca.
“Desde las cuatro de la tarde de ayer (martes) el río ha empezado a entrarse al pueblo, ha derrumbado una casa y tenemos miedo que siga entrando”, dice Marco Soria, presidente de la OTB Costanera, mientras camina por su zona con el agua hasta las rodillas.
Las principales calles de las OTBs Costanera y Magdalena fueron convertidas en ríos y, al amanecer de ayer, los vecinos encontraron a sus animales de granja muertos en medio del fango. Vacas y caballos tienen las pezuñas mojadas y sufren de calambres.
Las canoas son el único medio de transporte que los campesinos tienen para llegar a sus arrozales. A pesar de la bravura del río, tratan de salvar lo poco que les queda y salen a cosechar hundidos en el agua hasta más arriba de la cintura.
La gente de la zona se dedica a la pesca, crianza de animales de granja en pequeña escala y al cultivo de arroz y maíz.
Las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) de los Yuquis y las comunidades Soltera, Tres Islas, Capernaum, Capernaumcito, Santa Isabel, Puerto Las Flores y Tres Bocas, son las más afectadas de Puerto Villarroel, junto a tres de siete OTBs .
“El agua no tiene juicio, afecta a cambas y collas, si hay ayuda que venga de una vez, que las autoridades no se estén mironeando”, dijo Soria en alusión a la ayuda que también precisa la gente de Nueva Bethel, Bethel, Alto Pallar, Tacuaral, Pallar, Mónica, Damasco y Corralito, al otro lado del río, en Santa Cruz.
Necesidades urgentes
“Alimento para los de más adentro, un botiquín de emergencias y un equipo médico móvil es lo más urgente y parece que hay gente que ha pillado dengue”, dijo Ángel Bravo, vecino de la OTB Magdalena.
A pocos metros, Carlos Pinto, sentado sobre un tronco que sobresale en medio del agua, se rasca las plantas de los pies y echa sulfa en polvo sobre unas pústulas en sus brazos. “Tengo hongos y no me dejan andar, encima me han salido puchichis en los brazos, es el agua sucia y la mala alimentación”, se queja.
Soria señala que muchas familias de tierra adentro llegaron huyendo del agua y que hay casas en las que se refugian hasta cuatro o cinco familias, quienes tienen que salir a cazar para poder comer. “Cuando las autoridades cuentan afectados, tienen que contar las familias, no las casas. ¿Qué se hace tanta gente con dos litritos de aceite y cinco kilitos de azúcar?”, dijo.
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