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En Bolivia la riqueza sin explotar choca con el nacionalismo
10 de febrero de 2009

Fuente: Simón Romero (The New York Times)

Por SIMON ROMERO
The New York Times
La traducción de este artículo corresponde al periodista boliviano Enrique Araoz Cuellar.

Uyuni, Bolivia - En la carrera para construir la próxima generación de coches eléctricos o híbridos, una triste realidad opone a los fabricantes de automóviles con los gobiernos que tratan de reducir su dependencia del petróleo extranjero: casi la mitad de las existencias mundiales de litio, el mineral necesario para movilizar los futuros vehículos, se encuentra aquí en Bolivia, un país que puede no estar dispuesto a renunciar a él tan fácilmente.

Empresas japonesas y europeas están muy ocupadas tratando de presentar ofertas competitivas que les permitan obtener concesiones para aprovechar esos recursos, pero un sentimiento nacionalista en torno del litio está creciendo rápidamente en el gobierno del Presidente Evo Morales, un férreo crítico de los Estados Unidos que ya ha nacionalizado el petróleo y el gas natural bolivianos.

De momento el gobierno habla de controlar estrechamente el litio manteniendo a los extranjeros al margen. Por añadidura, los grupos indígenas del remoto desierto de sal de Uyuni donde descansa esa inmensa reserva del mineral estratégico, están reclamando su derecho a participar de la todavía hipotética riqueza.

"Sabemos que Bolivia puede convertirse en la Arabia Saudita del litio", nos dijo Francisco Quisbert, 64 años de edad, el líder de Frutcas, un grupo de recolectores de sal y agricultores de quinua que trabajan en el borde del Salar de Uyuni, el más grande del mundo. "Somos campesinos pobres, pero no estúpidos. El litio puede ser de Bolivia, pero también es de nuestra propiedad. "

La nueva Constitución que el Sr. Morales logró que fuera mayoritariamente aprobada por los votantes el mes pasado ha reforzado esas reivindicaciones. Una de sus disposiciones confiere a los indios el control sobre los recursos naturales de su territorio, fortalece su capacidad para obtener concesiones de las autoridades o de empresas privadas, e incluso les faculta a bloquear proyectos mineros.

Nada de esto, sin embargo, condiciona los esfuerzos de los extranjeros incluidos los holdings japoneses Mitsubishi y Sumitomo y un grupo liderado por el empresario industrial francés, Vincent Bolloré. En los últimos meses, los tres han enviado representantes a La Paz, la capital, para estudiar con el gobierno del Sr. Morales sus posibilidades de acceder a la explotación del litio, un componente imprescindible para el funcionamiento de las baterías o fuentes de poder para vehículos y otros aparatos electrónicos.

"Hay lagos de sal en Chile y Argentina y un prometedor depósito de litio en el Tíbet, pero la joya está en Bolivia," nos dijo en La Paz Oji Baba, un ejecutivo de la Unidad de Metales Base, de Mitsubishi. "Si queremos liderar la próxima generación de automóviles y de las baterías que los moverán, entonces tenemos que estar aquí".

Mitsubishi no está planificando en solitario la producción de coches cargados con baterías de litio-ion. También los convalecientes fabricantes estadounidenses de automóviles tienen puestas sus esperanzas en el litio.

Uno de ellos es la General Motors, con sus planes para desarrollar el próximo año Volt, un coche que incorpora una batería de iones de litio junto con un motor de gas. Nissan, Ford y BMW, entre otros fabricantes, también tienen proyectos similares.

La demanda de litio, el mineral usado en pequeñas dosis en la elaboración de medicamentos para la estabilidad emocional, así como para fabricar armas termonucleares, ha crecido significativamente por la demanda de fabricantes de baterías para teléfonos-palm Blackberrys y otros dispositivos electrónicos que utilizan ese mineral. Pero, según los analistas, la industria del automóvil tiene el mayor potencial de uso del litio. Al pesar menos que el níquel, que también se utiliza en las baterías, el litio -o las baterías de litio- permitirían a los coches eléctricos almacenar más energía y recorrer grandes distancias.

Al igual que la administración Obama y otros gobiernos que tratan de aumentar la eficacia del combustible y reducir su dependencia del petróleo importado, las empresas privadas (estadounidenses) están poniendo su atención en este desolado rincón de los Andes, donde los indígenas de habla quechua subsisten en un antiguo mar interior con el trueque de la sal que transportan sobre las caravanas de llamas.

Según un estudio del Servicio Geológico de los Estados Unidos 5,4 millones de toneladas de litio podrían ser extraídas en Bolivia, en comparación con 3 millones en Chile, 1,1 millones en China y sólo 410.000 en los Estados Unidos. Por su parte, geólogos independientes estiman mucho más grandes las reservas de litio que Bolivia podría tener en el salar de Uyuni y en sus otras superficies salinas, a pesar de que la altitud sobre el nivel del mar y la calidad de las reservas podría dificultar el acceso a esos yacimientos minerales.

Si bien las estimaciones varían ampliamente, algunos geólogos opinan que la fabricación de coches eléctricos en las próximas décadas podría basarse casi exclusivamente en las reservas de litio de Bolivia.

Pero en medio de ese potencial, los empresarios extranjeros deseosos de aprovechar las reservas de litio de Bolivia deben sortear la política del Sr. Morales, de 49 años de edad, que ha chocado repetidamente con las de Estados Unidos de América, con las de Europa e incluso con las de inversores de América del Sur.

En 2006 el Sr. Morales conmocionó al vecino Brasil, al que Bolivia tenía concedidas condiciones favorables, con la nacionalización del gas natural y la consiguiente fuerte subida de los precios. Morales llevó a cabo su más reciente nacionalización antes del referéndum sobre la Constitución celebrado en enero, con el envío de soldados para ocupar las plantas de operación de la gigante petrolera británica BP(British Petroleum).

En la sede que la Comibol, la agencia estatal que supervisa los proyectos mineros, tiene en La Paz la política del Sr. Morales de combinar el socialismo con la defensa de los indios de su país aparece ampliamente destacada. Copias de "Cambio", un nuevo periódico gubernamental, están disponibles en el lobby mientras que los carteles del Ché Guevara, el icono de izquierda muerto en Bolivia en 1967, aparecen en la entrada de las oficinas de esa compañía.

"El anterior modelo imperialista de explotación de nuestros recursos naturales no se repetirá nunca en Bolivia", nos dijo Saúl Villegas, jefe de una división de Comibol que supervisa la extracción de litio. "Quizás podría haber la posibilidad de aceptar a empresas extranjeras como socios minoritarios, o mejor aún, como nuestros clientes".

Con ese fin, Comibol está invirtiendo cerca de 6 millones de dólares en una planta pequeña, cerca de la aldea de Río Grande en el borde del Salar de Uyuni. En ese paraje semejante a un blanco paisaje lunar se espera comenzar el primer esfuerzo boliviano a escala industrial para explotar una mina de litio transformando el mineral en carbonato para baterías.

El primer paso ejecutado por los técnicos es obtener una salmuera o agua saturada con sal que se encuentra en las profundidades del desierto de sal y trasladarla a bateas o piscinas en la superficie. Ahí el líquido se evapora y queda el litio como materia residual. El Presidente Morales quiere que la planta de acabado esté lista a finales de este año.

A finales de enero los obreros se dedicaban con frenesí a cumplir ese objetivo trabajando bajo el sol en espacios demarcados por pequeñas paredes de ladrillo. Durante una comida de estofado de llama y una Pepsi, Marcelo Castro, de 48 años de edad, el administrador supervisor del proyecto, explicó que, además de la transformación del litio, la planta tenía otro objetivo.

"Por supuesto, el litio es el mineral que nos llevará a la época post-petróleo", dijo el Sr. Castro. "Pero para ir por ese camino, debemos aumentar la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo, a partir de la constitución de esta fábrica."

Más allá de esta pequeña planta, algunos analistas de la industria del litio sostienen que Bolivia, una de las naciones menos desarrolladas de América Latina, debe invertir mucho más para empezar a producir carbonato. Porque con un crecimiento económico lento y una disminución de los precios del petróleo que limita la ayuda que recibe de su principal mecenas, Venezuela, no queda claro cómo Bolivia podrá desarrollar por sí sola este proyecto.

Sin embargo, aunque el Sr. Morales defiende el derecho estatal de un mayor control de la economía así como de todos los proyectos de petróleo y gas, algunos especialistas de esa industria son optimistas de que finalmente el Gobierno concederá a algunas empresas extranjeras permiso para permanecer en el país como socios minoritarios.

La minería del litio en Bolivia tiene su propia historia de ajustes e inicios. En el decenio de 1990, la oposición nacionalista encabezada por Gonzalo Sánchez de Lozada, un millonario propietario de concesiones mineras que más tarde devino presidente de Bolivia, vio frustrado un plan de Lithco, una empresa estadounidense, para aprovechar los depósitos de litio bolivianos.

Esa historia, junto a las actuales tensiones del Presidente Morales con Washington, podría ayudar a explicar por qué las empresas estadounidenses parecen estar al margen de las compañías extranjeras que buscan aquí oportunidades para explotar litio.

Sánchez de Lozada fue finalmente obligado a dimitir como presidente en 2003 después de que el Sr. Morales encabezara las protestas contra sus esfuerzos para exportar gas natural con la ayuda de capital extranjero.

Mientras Bolivia reflexiona sobre la mejor forma de aprovechar sus reservas de litio, las naciones con existencias más pequeñas del mineral están aumentando sus reservas. China ha emergido como una de las principales productoras de litio, aprovechando las reservas descubiertas en unas salinas del Tíbet.

Por su parte los geólogos y economistas están debatiendo si las reservas mundiales de litio, exceptuadas las de Bolivia, son suficientes para satisfacer una escalada en la demanda mundial. Keith Evans, un geólogo con sede en California, sostiene que los recursos accesibles de litio fuera de Bolivia son significativamente mayores de lo estimado por el Servicio Geológico de los Estados Unidos.

Juan Carlos Zuleta, un economista en La Paz, dijo: "Tenemos la más hermosa reserva de litio del planeta, pero si no entramos ahora en la carrera para explotarla perderemos esta oportunidad. El mercado está buscando otras soluciones para las necesidades mundiales de baterías."

En el inmenso desierto salino de Uyuni, ese debate les parece lejano y ajeno a los que aún trabajan como sus antepasados acumulando la sal manualmente, fuera de la tierra, en montones cónicos que dibujan el horizonte como un espejismo geométrico. El litio encontrado bajo la superficie de este desierto parece aún más remoto para estos recolectores de sal del siglo XXI.

"He oído hablar del litio, pero yo sólo espero que pueda crear trabajo para nosotros", dijo Pedro Camata, de 19 años de edad, con su rostro protegido del sol implacable por un pasamontañas y con unos lentes de sol baratos cubriéndole los ojos. "Sin trabajo aquí uno está muerto."

 

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