Por Luisa Fernanda López
04-02-2009
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http://www.informarn.nl/americas/bolivia/act090204-litio-Bolivia
Más de 10 mil kilómetros cuadrados que albergan unas 800 millones de toneladas de litio, convierten a buena parte del Potosí boliviano en una zona más que apetitosa para la industria automotriz del mundo. El mineral que yace bajo su subsuelo podría abastecer al creciente mercado de las baterías de litio. Los habitantes de la región han ganado la pelea para evitar que las multinacionales exploten el mineral, pero también consideran que esta enorme riqueza debe beneficiar a todo el país.
El valle del Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, ubicado a 3.650 metros de altitud sobre el nivel del mar, se ha convertido para sus habitantes y para influyentes empresarios de la industria automotriz en la gallina de los huevos de oro. El litio que yace bajo las salmueras de su subsuelo podría abastecer al creciente mercado de las baterías de litio, que permitiría a las empresas de automóviles del mundo producir coches eléctricos con una mayor autonomía. Hoy en día, el precio de una tonelada de litio está alrededor de los 3 mil dólares, muy lejos de los 350 dólares que se pagaba en el año 2003.
Varios expertos en el mundo han catalogado a este mineral como la energía del presente. El carbonato de litio se usa actualmente en las baterías de los ordenadores portátiles y teléfonos móviles. Los fabricantes de automóviles acosados por dos crisis simultáneas, la económica y la energética, llevan varios años en la búsqueda del vehículo idóneo que logre suplir las necesidades del mercado, pero que no dependa del petróleo. Según el ministro de Minería de Bolivia, empresas como Mitsubishi, Sumimoto y el grupo industrial Bolloré han mostrado su interés en invertir en el Salar de Uyuni.
La socialización de las ganancias
Alrededor de este mar de sal habitan unas 60 mil personas. Durante décadas, la explotación de la sal y los recursos que se derivan de la llegada de 60 mil turistas al año, han sido su forma de subsistencia. Sin embargo, desde hace más de 15 años emprendieron una lucha por evitar que los valiosos recursos naturales que alberga este valle, fueran a parar a las manos de las empresas multinacionales.
Es así como en 1992 impidieron la adjudicación de una licitación a la empresa estadounidense Lithium Corporation (Litco) que pretendía ocuparse de la explotación de este recurso. Ante el boom de la demanda de este mineral en el mundo, las comunidades de la zona diseñaron un proyecto de extracción que fue presentado al presidente Evo Morales. El mandatario decidió apoyar la iniciativa, y destinó los recursos necesarios para emprender la construcción de una planta piloto de procesamiento que pretende producir unas 40 toneladas al mes y que está a cargo de la Corporación Minera de Bolivia.
Todo este proyecto se ha dado en el contexto del proceso de la aprobación de la nueva Constitución de Bolivia, que otorga la propiedad del subsuelo a las comunidades y no al Estado como ocurría antes, aunque sea éste, en última instancia, el que se encargue de la administración de los recursos naturales. Una propiedad que reivindica la población de la región, pero que en palabras del Secretario Ejecutivo de la Federación Regional Única de Trabajadores del Altiplano Sur, Francisco Quisbert, se distancia de la posición asumida por las provincias de la Media Luna, ricas en gas.
"Se van a generar regalías, y estas regalías van a ser distribuidas mediante una ley. Vamos a crear una empresa social pública que las regulará, pero principalmente tiene que quedar para beneficio de la región, el departamento y el país. Somos diferentes a las propuestas que se hacen desde la Media Luna en Santa Cruz, en donde sólo quieren la riqueza para ellos. Lo que nosotros planteamos es que esto tiene que servir para la región, el departamento y el país".
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