Familiares y amigos de los fallecidos durante los enfrentamientos del 11 de enero de 2007 coinciden en señalar que la justicia no ha llegado hasta sus hogares, que el dolor por las pérdidas no ha calmado y que la intolerancia sigue en pie.
Una misa en el templo de La Recoleta y un acto de homenaje en la gruta que hoy señala el sitio donde halló la muerte el 11 de enero de 2007, fueron las muestras de afecto ofrecidas en memoria de Christian Urresti.
A unos 500 metros, en medio de ambos sitios, en la misma ciudad y casi al mismo tiempo una Chacana (cruz andina) reunió en un homenaje póstumo a una cantidad similar de allegados a Juan Ticacolque que aquel mismo día en 2007 perdió la vida.
La emotividad, el desconsuelo, pero ante todo la impotencia por no haber conseguido justicia tres años después, marcaron ambas muestras de afecto por los fallecidos durante aquella jornada en que además de las muertes de Urresti y Ticacolque, se tuvo como saldo la de Luciano Colque Anaya, que perdió la vida luego de varias semanas de agonía, tras haber sido brutalmente golpeado con palos y bates de béisbol en la cabeza.
La justicia
Por un lado la familia Urresti y sus amistades señalaron que se sienten víctimas de una sistemática discriminación dentro del sistema judicial y las investigaciones policiales.
Por el otro, la viuda de Ticacolque advirtió que “tomará la justicia por sus manos” junto a sus hijos ahora huérfanos, “porque hasta ahora no hay castigo para el responsable” de la muerte de su marido.
“El sistema judicial yo lo veo tan especial, porque en algunos casos donde ni siquiera han imputado formalmente, ya están en la cárcel como si fuesen delincuentes. En el caso nuestro, la justicia es demasiado lenta, han pasado 3 años y hasta ahora no hay nada”, dijo Nelson Urresti, padre de Christian.
Curiosos y algunos amigos que acompañaron a ambas familias dolientes durante los homenajes póstumos coincidieron en señalar que pese al dolor y al luto que dejó como saldo aquella jornada del 11 de enero calificada como “de la intolerancia”, las cosas en esta ciudad y el país no han cambiado. Y que los odios, el racismo y la intolerancia continúan presentes en el cotidiano.
También coincidieron en asegurar que gran parte de la responsabilidad por la persistencia de los antivalores señalados es la “retardación o prácticamente ausencia” del sistema judicial que ha fallado una vez más, “al igual que en otros casos con desenlaces fatales que ha vivido esta misma ciudad”.
Recordaron en ese orden cómo el caso Urresti se ha extinguido técnicamente, que el caso Ticacolque está en casación y que la investigación por la muerte de Luciano Colque ya fue cerrada por falta de testigos e indicios. Y que en ninguna de las muertes se ha logrado aún aplicar la justicia en su totalidad, se la aplicó a medias, o simplemente no se la requirió.
Así, esta ciudad recordó los 3 años del día en que vecinos, amigos, sus habitantes se enfrentaron entre sí por la intolerancia dejando el saldo de tres muertos y centenares de heridos.
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